martes, junio 12, 2012

¡No me ames!


No me amen, cuando no cumpla lo que diga.
No me quieran, cuando yo no dé lo que pido.
No me escriban, cuando no responda a sus letras.

Ódiame cuando te mienta, por salir del paso.
Miénteme, cuando te hiera con la verdad.
¡Fíngeme! Cuando me niegue, de un modo irreconciliable.

Detéstame, cuando lo que diga no sea coherente a mis hechos.
Golpéame, cuando mi palabra sea totalmente fingida y,
Cáusame alguna suerte de herida, cuando yo ame, y me mienta.

No puedo ser amado, cuando no cumplo con mis hijos.
No debo ser querido, cuando -yo mismo- no velo por mí.
¡Mejor sé feliz! … Mientras, poco a poco, voy lejos.

¿Cómo puedo ser amado, si no ofrezco una casa
y un buen lugar para vivir? 
Mejor -ahora que tarde- con mi marcha, he de seguir.

¿Qué me viste? ¿Qué pensaste?
¡Algo malo te pasó!
Yo no soy el que tú anhelas
¡Mucha brecha! entre tú y yo.

No me quieras. No me ames.
¡Tantos modos de pensar!
Son mil formas, que me alejan...
¿No te puedes perdonar?

Ámame, aunque no haya dinero en suficiencia.
Ámame, aunque muchas mujeres me gusten (y me quede con una sola).
Ámame, porque desesperadamente busco un significado para la vida
y, si a nadie tengo, hallaré menos razones.

Ámame, por cuidar de mi salud.
Ámame, por una casa construida a medias.
Ámame, por rechazar tantas cosas...
y, no hay razón que lo remedia.

Quiéreme, si te parezco confundido.
Apréciame, si te llamo a cada rato.
Abrázame, cuando vuelva arrepentido
y -si quieres- ¡Véme como a ingrato!

¿De qué forma te digo?
Soy humano e imperfecto,
y al tenerme como amigo,
¿Podré ser más correcto?

Tengo fallas, más defectos,
y el deseo ¡Por amar!
Son dos cosas, tan distintas,
que se pueden perdonar.

No me ames, no me quieras.
¿Y tan malo puedo ser?
Son las cosas tan opuestas
que los ojos pueden ver.


Secular Hermit ( A. T. )



Junio 12, 2012

viernes, junio 08, 2012

Leaving all over.


I left the school to be my teacher.
I left the rulers to be my master.
I left society to be my own...

I´ll be saved if He (God) wants me to be saved.
That´s not my personal decision solely.

If I cannot prevail here, if I cannot sort earthly and material things out of my daily living, no matter what I trust or desire to be here. (I´ve tried hard, getting very little, by the way).

How could I sort the eternals out? ( Believing, with disbelievings? )

I challenged God to show up His love, much more than in that way He showed Jesus Christ or any in his/her real experience of life, same way He made for His chosen ones: In the past and in the present also.

Such a LOVE is an eternal decision He could make, same way we have had and tried with our wifes, children, family or neighbors on the block.

These are my bottom line beliefs or disbeliefs.

He knows me better than I am.
His love is perfect, I´m lacking everything (He knows it).

Could I add anything to be higher than being a stupid human, a sinner, using the brain and the tools He gave me to walk this earthly passing away?

I could not live a life pleasing Him, although I´ll keep on trying to see what I´d achieve but, anything bigger than my human thinking cannot be easily reached.


Lo malo o lo bueno.



Me agradaría ahorrarle una mala experiencia a cualquiera. Soy subjetivo y parcial al hablar bien o mal de mí mismo, así como cualquiera. Plagiando algunas palabras de Saulo-Pablo (San Pablo), a quien ya segrego por católico para concentrarme en las enseñanzas de Jesucristo y menos en las de cualquier otro ser, les digo: “En poco tengo ser juzgado por Uds o tribunal humano” (I Corintios 4:3-4) ¡ni aún mismo me condeno o me juzgo! (y ésto NO me justifica). Pero soy lo mejor que he podido hacer de mí mismo, lo “mejor” que tengo y no voy a terminar de perder lo poco que me quede.

Hablando en términos mundanos, he comprobado -hasta el hartazgo- que no me identifico con los chavistas, los religiosos, los católicos, los adoradores del patriotismo ni machistas/feministas. De hecho, debido a mi entendimiento de algunas cosas, terminé por divorciarme de una mujer antagónica cuya vida me soportó 13 años, y ese inevitable divorcio emocional comenzó al tercer año de la unión; así que no pondré mayor esperanza en mí que esta incapacidad de completa transigencia: Soy imperfecto, y más cuando veo la falla ajena.

Soy pobre y no he dejado de ser mediocremente productivo. He salido poco del país, he ido poco a comer helados o hamburguesas y, aunque me gane finalmente el Kino, dudo me guste andar por un centro comercial o las calles de un país como éste; así que nadie tenga la esperanza de cambiarme.

Me gustaría un rotundo progreso económico personal, más que el social y, los contados amigos que me reservo, no los quiero arrinconar en la pila de recuerdos: Su lealtad, las veces que me han ayudado, vale más que cualquier otra persona o cosa que este derrotero me haya dado o conocido; así que no hablaré vanamente mal de mi familia o de mis amigos y, cuando lo haga, es por simple comparación referencial. (Los políticos, advenedizos, aprovechadores, etc., no son bienvenidos).

Supongo que los hechos hablan más que las palabras. Haciendo honor a esa verdad, he hablado de más o he escrito en demasía; así que, si alguien quiere conocerme (o ser comprendido por mí) tendrá que leer la traducción de mis emociones, mis “testamentos”; y espero que -en algo- ellas puedan servir as alguien, en tanto tenga el beneficio de la internet. Este huraño ermitaño (Secular Hermit) lleva años volcándose en letras, vaciando ideas y sentimientos en la red. No tengo la verdad, quizá poca razón; pero ésto he sido yo.

Podría enamorarme de alguien como Emily Brontë, pero no me gusta que me gobiernen, subestimen o manipulen (así que me alejo de gente así). Podría volver a enamorarme de Marinel Pérez, de Mónica ... pero la vida no está hecha de dos oportunidades iguales: Si no las amé bien como eran antes, no las amaré como sean ahora.

Suelo hablar de Dios... No tengo su número telefónico, pero anhelo que Él use el mío (+584243035474). Hubo un tiempo en el que fui su enemigo. Por varios años no le creía, no lo entendía, dudaba  y le maldecía. En la adolescencia -entrado en la edad de esa rebeldía- no sólo era enemigo de muchos cristianos, sino amigo del Diablo (y no lo sabía o entendía). De allí que -gracias a Su paciencia- ando ahora de este lado. Ciertamente no creo en hombres ni mujeres, ataco lo que me parezca religión (o extremismo político) y, en medio de mi búsqueda humana -la de un mortal adolescente en edad avanzada- no tengo otro plan para no insistir en que Dios me lleve pronto.

Éxodo




Hay muchas maneras de escaparse, muchas formas de evadirse...
Los viernes, quizá no muchos, acuden al santuario de su soledad. Otros se esconden en las botellas, alguna fiesta o la reunión fuera del lugar de trabajo.

Decenas irán, por ahí, tropezando sus fantasmas, diciéndose cosas que nada bueno dicen. Habrá amaneceres, tardes... ¿Noches? Pero, pocas veces un nuevo día.

Algunos se hundirán más en su droga, otros se distanciarán más de sus mujeres, de sus hijos, sin hallar la puerta de la salida. Otros abordarán el puente de un barco, surcarán el mar con sus ojos, y no sabrán qué puerto les recibe. Pasarán horas, y días, en el vaivén de sus olas, y no sabrán cuál debe ser el puerto final, en el camino de sus derroteros.

Puedo ver el paisaje de nieve... Las explosiones en las mentes de muchos impiden la estrategia correcta para evitar el mortal bombardeo. La madre, cualquiera de muchas, cruzará la frontera con un niño en sus brazos y otros, en su vientre.

Llega a un país ajeno. Nunca quiso pasarse al otro lado pero, el hambre, la miseria... la persecución política, la han llevado al trecho de otra frontera, a reglas nuevas e incomodidades desconocidas.

Te veo a tí, me veo a mí (y su llanto no es como el nuestro).

El padre murió en la batalla... Y, quizá, su hombre murió clavado en el lecho extraño, con una mujer de otro (o con uno igual). ¿Quién conoce el sendero de los tropiezos? Estamos vacíos, estamos sedientos y vivir -así- no calma esa sed.

El niño llora. No hay comida para la una ni para otra ¿Quién vendrá en su socorro? ¿Qué pedirá a cambio?... ¿Altruismo o interés visceral?

Aquel pueblo, oprimido en la esclavitud de quienes se consideraban sus señores, pagaron un precio de enfermedades y señales de muerte. ¿Sólo el dolor nos cambia o moldea?

Antes de aquella salida, como por paga en cientos de agravios, Israel recibió joyas, alhajas y oro... ¿Tienen idea de lo que pesa el lastre de ciertas molestias? ¿Lo incómodo que es andar con el peso del polvo de lo indeseable? (pero Israel rindió culto a sus paganas orgías, a los dioses que veneran en lo oculto).

En Sodoma y Gomorra -la mujer de Lot- volvió su mirada a lo que dejaba atrás, no queriendo perder el secreto que ella sola añoraba... ¿Qué puede ser tan querido, que uno no se desprenda de lo que debe huir y debe dejar atrás, siempre más lejos?

Esa mujer, quizá no como pocas, corría hacia adelante, pero ¡mirando hacia atrás! ¿Qué no soltaba que la huida la petrificó?

Antes del Éxodo israelita, Moisés huyó al desierto. Tuvo un cobarde e irresponsable temor, y éste le llevó a escapar a otra frontera, una vez se supo que mató a un egipcio... Mataremos valientemente y ¿luego huiremos de las consecuencias? (si se pudiera vivir sin ellas).

Vivimos en un mundo de causas y efectos.

Lo que se hace hoy afecta el mañana (nunca se cambia al pasado).

Lo que se dice afecta a otros: Bien sea para bendecir, o para lo contrario.

Lo que se piensa es consecuencia de lo que se hace (y tenemos que ser responsables) ¡No siempre se puede huir! (y, a veces, tenemos que volver de dónde huimos).

Yo, de mi parte, tengo años escapando (lo logré) y en detrimento de algunas cosas.

Hace poco, no es mucho, escapé del país (y lo intentaré hasta que lo logre, de forma definitiva).

Nadie tiene idea de lo que es marcharse o alejarse.

Nadie sabe qué se siente pasar una frontera y meterse en otra (hasta que su pie lo toca, lo padece o lo vive).



Israel huía contenta. La opresión y la miseria la empujaban (pero hay cientos que prefieren vivir presos, en cualquier forma de cautiverio).

Israel llevaba sus joyas -sus alhajas- animales y pertenencias... Yo, llevaba tan poco: Una mujer, y pocas maletas.

Aquellos tenían “en abundancia”. Yo, todavía, no tengo nada (y, quizá, sea mejor).

Moisés regresó a Egipto, por un llamado Supremo. Yo, de mi parte, volví por poca cosa: No tengo quien me llame.

¿Sabes qué se siente?

Israel salía, pero yo huía (y volveré a hacerlo) (ya es cosa de dinero) (no es esclavitud ni loca necedad).

Los israelitas cargaron sus carretas.

La pascua, de aquella noche, fue terrible.

¿Puedes oír los lamentos? ¿Puedes escuchar al egipcio llorando a sus hijos, sus primogénitos? (y eso NO VINO SIN LA DIVINA ADVERTENCIA) (pero siempre hay “hombres” irresponsables en los gobiernos) ¡Hugo Rafael es uno de ellos! (por cierto).

Moisés les advirtió. Aarón, hermano de Moisés, fue testigo de las señales que Dios enviaba a través de su hermano (y, tampoco, le pararon bola).

Yo, a mi salida, llenaba 4 maletas... (sólo una no vino de regreso).

¿Sabes qué se siente?

No extraño aquella maleta... No añoro a esa mujer, sino la libertad de escogencia que se tiene en otra nación (si tienes real) Si no hay plata ¡te jodistes!

Israel, por su parte, tuvo que comérsela y bebérsela, con sus ídolos (quizá yo -aquí- por un rato).

¿Cuántas cosas no tuve que sacrificar?

¿Cuántas cosas no tuve que vender -regalar- sin mirar el precio real de lo que, para mí, ellas valían? (menos mal, gracias a Dios, no vendí ese rancho ni esa tierra) ¿En dónde estaría, sin un techo?

En el regreso, si has de volver, no veas atrás ni a las cosas que dejaste... (Tampoco pienses que el pasado  - “lo que tenías”-  es mejor que lo que “tendrás”: Ambos extremos NO EXISTEN) (el pasado y el futuro no coexisten en el presente).

En este ejercicio de escribir, puedo verme “llorar” herramientas que perdí para comprar una libertad que no conocía.

Puedo sentir la nostalgia de no tener “la luz” que iluminaba mi cuarto -en mis noches- para leer, escribir... (o iluminar a esa mujer que me dió los mejores 2 años que haya disfrutado, recientemente).

¡Fue perfecto! (y pagué el precio de todo: No me debo y nadie me debe).

Podría, pendejanmente, lloriquear esas herramientas de trabajo, mis libros y docenas de cosas ¡Ya no son! (ya no están). ¿Me intimidaré? ¿Me reduciré?

Si tengo que volverme a ir (cosa que deseo) ya no sufriré la nostalgia, y estoy preparado. Si tengo que hacer “otro intento”, ya no será por ensayo y error (sino por un Supremo llamado). ¿Fallaré dos veces, igual? (no lo creo) ¡Pero puedo fallar! (mas no, si lo intento).

Mis apegos, como equipaje, viajan escondidos conmigo (y no me son una carga) (y, a nadie molestan) ¡Bueno! Hay un bultico que... (¡Ja! ¡Ja!).

¿Quién no lleva su cruz, o intenta ponerla a un lado?

¿Quién puede correr -indefinidamente- a las consecuencias de sus decisiones?


Si Dios me da el poder, la capacidad y la oportunidad económica, llenaré mis carros, montaré mi equipaje y saldré de este país (como puedo salir hoy de mí). Si Dios me bendice, como le pido lo haga contigo, haré lo que debo y lo que quiero hacer (con las personas indicadas) (no esclavizado) (no es sus locuras).

Llegado ese día -como lo será en el tuyo- tomaré las maletas y saldré a otra frontera.

viernes, abril 13, 2012

En las alturas



Sé dónde está tu iglesia, en la santidad de blancas alturas. Hoy yo sé dónde comulgas, en un oasis de paz, al regazo de la inmarcesible altura; cuyo fragante incienso se asienta como niebla, en la fría ribera de límpidas aguas rebosantes de vida pura, allá, tras la cortina del recio esfuerzo, al cruzar el margen de jornadas duras.

Sé en qué lugar te inclinas, derrochando lágrimas de dicha, y en qué lecho de musgo tus rodillas se postran: Veneras a Aquel quien desde el cielo dejó Su luz sobre la distorsión de un espejo hecho montañas, quien en un breve destello de años, en cierto lugar poco accesible, caló un lago de aguas cristalinas y, en una de tus visitas, se iluminó la cascada helada que –como mujer- desnuda lo baña con sus cabellos de agua, sin advertir la sorpresa de quienes tímidamente levantaron la cortina de su íntima privacidad.
Tu rezo discurre en forzadas horas de camino.

La expansión de esos santuarios no tiene altar de ídolos a los que te inclines; pero hay imágenes vívidas, bautizadas con otros recuerdos, que tienden solas a desvanecerse.

El peregrinaje madrugador lleva a cuestas el ligero peso de nuevas alegrías, y gustoso lo carga con la prueba del esfuerzo de dichas pasadas.

La letanía de la procesión de tus pasos no sube a solas la cuesta en su ascenso, pues, le acompañan el gozo de vencer lo escarpado, la experiencia contra irreverentes imprevistos, y los lazos que te unen al cordel de tus zapatos.

La visita de las dificultades no disminuye tu marcha solitaria. Tu paso se alegra cuando otros peregrinos confluyen sobre el mismo horizonte, quienes como ríos se unen al culto grupal, y los olores fluyen por sus naturales torrentes y otras lenguas se desatan: La charla confidente acrecienta el fervor devocional.

El tiempo desanda en la caravana de senderos remotos. Allí no hay ni habrá multitud.
La camaradería y limpia cordialidad, no te aleja del objeto de tu culto y, por el contrario, te acercan más los actos de servicio y –unidos- limpian esos santuarios hechos para pocos.

Avanzando cada día, conoces a los miembros de esa iglesia.

Tu gente, no es aquella que se yergue presumida; sino esos que, con valor y modestia, escalan tus alturas, sobre la Sierra Nevada. No será una multitud, pero son numéricamente más importantes que los otros. No es la gente que tal vez visito, pero sus actos valen más que mis incoherentes palabras.

Tu oración allí no es el sermón de los caminantes, ni el rumor de trémulas voces que en la distancia se confunden. No es tu jadeo en el viento, tampoco la duda de cosas ambiguas. Dios las recibe allí, para darles nuevo aliento.

Allá la sangre no es el vínculo que les une.
Tu hermano allí no le conoces por apellidos, mas en los cuidados reverentes.
Tu hermana allá no es la hija del mismo padre, sino toda mujer que en su vientre conoce el dolor de la Madre Naturaleza.

¿Serán Uds en algo divinos?

La religión que conoces no cree a la mentira de fantasmas, porque ya has llorado  ante el asombro de la cascada del duende.

Tu credo no es tan distinto al mío, aunque creemos distintas cosas.
¿Quién hizo eso para ti? No es un acto de manos humanas.

Tu sacerdocio es humilde, lo sé. Y profetizas al viejo tanto como al joven, al niño y la niña.

Creo en tu corazón peregrino, y errante penitente soy de mi marcha…

II
¿Cómo es que sé, te cuesta dejar el lecho de roca?
¿Cómo yo sé, te has asido al deseo de quedarte?
(Es que yo muero por amarte)
(y mis labios arden por besar tu boca).

Las notas al margen de tu libro de oración, son leves o torpes.
Como niña dulce, ingenua en su candidez, los dedos se te traban al intentar describirme lo que tus ojos ya han visto.
Tu boca -de momento- no halla cómo volver a cerrarse, una vez descubierta en perpleja introspección.

¡Me gusta! Ese momento ha sido único, y te he visto sin abrir mis ojos.

-“¡Mía es la tierra y su plenitud!” –Dice Jehová.

Mas el caminar incesante, no te disminuye; y la iglesia a la que asistes ha sacado su mejor velo de nieve blanca y amaneces por sus hilos, comenzando a bajarla.

Ella, inmaculada montaña, se descubre al amanecer. Los ojos del novio la adornan con encajes de luces ascendentes y la altura es el único compromiso que la reta.

Tú, devota al culto de sus bodas, no abordas la visita por un solo camino.

Tu sendero viaja tomándole la mano en contemplativa adoración.

La alabaza de lo indecible, a veces, no puedes explicar en el simple cáliz de una lágrima.

¿Quién realmente eres?
¿Querubín o ángel devoto?

Tu iglesia ya no puede esconderse en el tabernáculo de lo inaccesible, ni es lo bajo el abrigo de nubes altas.

¡Quiero estar allí, contigo!



III
El asiento inamovible de ángeles levantó su veto a la vista.

La redención de otras almas clama en la sed de tu misma sanidad;  se rompe el yugo de cansadas espaldas y ligaduras desaparecen día a día: La llanura se torna insulsa para otros moradores que piensan subir...

Tal vez no hallé nombre justo al culto de tu religión senderista, y lo que ciertamente importa es que ya eres acepta en la procesión que se reúne,  bajando el santuario.

(quizá nunca consiga, mujer así en mi vera.
¡Se acabó mi primavera! No hay otro amor que me siga).

sábado, enero 07, 2012

Mi identidad… ¿Cómo cristiano?



Me gustó eso que escribiste. Si me permito disertar, antagonizar o dialogar, simplemente abundaría o la regaría… (tú, tuviste un buen enfoque).
¿Cómo aplico o desaplico lo leído? (para no involucrar a nadie) (¿Hmm?) (Lo dudo).
En mi opinión, hay una vida exterior y una interior. En relación a muchas cosas, no me ocupa mucha proyectar la externa o interna y, muchísimas veces, tuve la costumbre de “proyectarla” para: 1) Ganarme las cosas o personas que buscaba ó 2) Para buscar ganar la justificación o autojustificación.

En ese sentido dejé (y sigo dejando) “mi afán” de justificarme delante de las personas.
¿Huelo mal? Lo admito, si es cierto.

¿Peinarme o cortarme el cabello? Eso no es prioritario y menos cuando me baño y tiro mi gorrita de beisball sobre la calva. Rasurarme o afeitarme aquí y allá ¿Para qué? Nunca quise tener barba y, cuando comenzó a salir, disfruté una o 2 semanas sin esa esclavitud de rasurarme a diario (en esencia).

Hoy y ayer estuve en casa de mi reciente compañera. Al llegar a su cuarto cerró la puerta del baño y comenzó a justificarse del polvo, “del desastre”, del desorden o sucio. Al instante me dije: “¿Vas a empezar? Yo vine a hacer un trabajo y no a ver lo q tú dices no debo ver y TRATAS DE JUSTIFICAR…” Interiormente me quedé en mis soliloquios: ¡Qué vaina! Ese arraigo no se lo quita  a ella, y cuántas veces no estuvo criticando muchos aspectos de mi vida…” (De hecho, ella lo hizo: Cortarme el pelo, ponerme "bonito" y cuidarme para poder ganarme a otra chica) ¡Bah!

¡Boberías! Y pendejadas (ya no vivo así) y, si se quiere a la gente x esos aspectos externos, ARTIFICIALES,  mejor no me sigan queriendo (que yo tengo suficiente conmigo).

Hice mi trabajo (instalar unas cortinas y verifiqué y aprendí mucho) (me gusta repetir algunas cosas para q no se me olviden) y ya estoy en casa, pero ¿A dónde quedan esas trilladas “justificaciones”? (externas e internas).

Todo vuelve a eso de ser dignos.

Hay quienes, para sí mismos, son demasiados dignos –exacerbadamente autoexaltados- y no se dan el riesgo a pisar un barrio, a no entrar en las casas humildes, y menos compartir con “esa clase de personas”. Me pregunto ¿Debe el hijo de Dios rebajarse y humillarse, bajándose de sus pedestales? Sean internos o externos.

En mi caso, tengo tiempito aprendiendo a bajar muchos de mis niveles (no cedo en los internos) (hay cosas que no malbarato y, cuando lo he hecho –o lo haga- ya sé que lo lamentaré).

Puedo ser auto indulgente –como ayer- en seguir el juego de ojos de una chica bonita, pero ¡eso no trasciende! Eso no es verdadero y, revisándolo todo ¡Es una pendejada! Más cuando sé que no soy citadino, q no tengo lo q ella espera y no me pertenezco a muchos sitios y lugares a los que, por circunstancias, termino accediendo o llegando (cada día sé qué quiero, que no y qué es temporal).

¿Me comporto a la altura de un hijo de Dios? (siquiera al nivel más bajo de los adoptivos). ¡No! Mi identidad NO TIENE QUE VER CON LO QUE SE ESPERA DE MÍ, sino la mido por el ser quien soy (y hasta he medido lo vil o noble que puedo ser, SÓLO CON QUERERLO).

El hecho de que haga (o no) ciertas cosas, no me identifican con Dios ni mi adopción y, si hago algo –para publicitar a Dios- ¡líbreme Dios de repetirlo! No lisonjeo a la gente para que “se acerque” a Cristo (nada más hipócrita e interesado) y, en mi forma de ver, es como que si bajara a Dios (yo mismo) para que la gente “lo pueda ver”. ¡Es un asunto de Dios que Él se acerque a los que ha escogido y está seleccionando. Como dijo Jesús: “Nadie puede venir a mí, si no viene del Padre” (Juan 6:65  Y decía: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado de mi Padre. Juan 8:47  El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios).

Para mí, ya es evidente que el trabajo de la obra de Dios necesita del dueño de la mies… Hay quienes todavía hoy dicen “vamos a sembrar la Palabra” y tiene 2000 años siendo dicha. Otros, peor aún, dicen: “éste o ésta es mi hijo espiritual: Yo le prediqué la palabra”.

Por influencia paulina se convierten en “padres” de quien debía ser un discípulo de Cristo (Mateo 23: 9-10, Mateo 23:8). Mi identidad no tiene que ver con mi forma de abordar a los “no alcanzados”. Mi forma de ser no es para predicar o “agradar” al que me recibe como hijo (y no por interés publicitario). Mi identidad -mi forma de ser- tiene que ver conmigo, con mi relación con mi ser interior, no con “lo que debe o debería ser”, sino con QUIEN SOY, independientemente de mi adopción, o potencial redención ¡Menos con el nexo o simpatía con la iglesia!

El cristiano es quien es, primeramente POR DIGNIDAD personal.  Eso de que esperen que “yo sea” o “actúe así o asá” no me aplica… (creo que no soy hipócrita y no me muevo por estándares de pertenencias de grupos). Por ejemplo, cuando alguien viene a otro y le dice: “Cristo te ama” y ése o aquella atraviesa miseria, hambre, DOLOR (en cualquiera de sus formas) ¡Procuro esconderme! ¿Cómo hablar de ese amor si, por un lado, no estoy movido o dirigido de SU PALABRA? ¿Cómo ayudarlo a ENTENDER si no tengo los medios TANGIBLES, reales, de la voluntad de Dios, del deseo de Dios, para que ese ser se aflija, se arrepienta y tenga un encuentro verdadero, profundo y real con El Creador? ¡NO! Mi identidad se niega a aparentar quien no soy ni actúo con lo que no tengo y te explico:

El 24/12/2011, cerca de las 8pm, ví a una niña muy linda llorar en una estación del Metro de Caracas. No pude evitar notarla. No sólo por esa tristeza que ella procuraba ocultar, sino porque es muy bella (no puedo caminar cerrando mis ojos). Luego, como tengo experiencia de calle, pensé: “¿Será que esa niña está deprimida y se lanza en los rieles?”.

Fue una pregunta boba, pero me aseguré de pararme a una distancia donde pudiera interceptarla, en caso que lo hiciera y tuve que mirarla (de reojo) para asegurarme de esa impresión que pude captar durante la marcha.
Al confirmar que algo la afectaba, le hablé, a efectos de ver cuán mal pudo estar (y para ver cuán linda era) ¿Cómo mentir?

La pregunté: ¿Por qué lloras, niña? Acercándome un poco, ya no tanto con los ojos, sino con la palabra (que debía ser lo primero en la comunicación).
La niña me dijo: “Cosas que pasan”.

Al momento me conmoví. Pensé en ella, en mi hija y las cosas que he visto y, con mucho tacto, intenté acercarme otro poco, y más cuando el vagón accedía en el andén (pero ella no tenía ese problema de otras personas).

Le hablé. Charlamos y, en la conversación, sí dí testimonio de Dios (de lo que debía) (no de mi humanidad). Supe qué su llanto es el amor de una hija que quiere que su padre deje el vicio del alcohol, esa forma de dependencia que afecta a tantos y, que si no es de un modo, dependemos de algún vicio, en alguna medida.

Supe de su padre (Orlando), su madre (Estrella), el negocio a qué se dedican y cantidad de cosas… ¿Qué me gustó? Que ella y su mamá ya son cristianas. ¿Qué no desearía yo tener una hija así? (Ama a su papá. Será una esposa modelo para el hombre que Dios le dé). ¿Ella es quien es, por el “debería” o, es totalmente genuina por el amor que lleva en sí? ¡Sé la respuesta! Me basta saber lo que supe y no me identifico con la “identidad” del debe de la familia, ni el debería del Padre, sino por el YO quien yo soy (y tengo claro y presente todas mis debilidades, inclinaciones, deseos y apetitos). ¿Cómo las escondes? ¿Cómo las niegan otras y otros? ¡No es mi problema! Dichoso el que lo logre: Bienaventurado el que no halle tropiezos en Cristo. (Mat 11:6  "Y bienaventurado es el que no se escandaliza de Mí.")

Usaré una imagen fresca y buena, que aprendo esta semana de mi madre. Ha recogido un gato callejero (temporalmente) (y sé que es con un fin utilitario). Al sacarlo de la calle, ya lo ha bañado, ha tratado de quitarle las pulgas y cualquier cosa repugnante (y animal es animal), pero lo tiene bajo su techo (no lo deja subirse a la cama, ni que haga ciertas cosa que no toleraos en nuestros hijos).

Un día antes de que esto pasara, yo llegaba a Caracas con mi hija. Era de noche y, en medio de la gente, yo advertí a ese gatito y lo llamé “rata”. Mi hija lo notó y supo de quien hablaba…

¡Sorpresa! No habían pasado 3 días y mi mamá lo acogió a su techo (con sus limitadas condiciones).
Pregunto: ¿Quiere el gato un techo?

¿Desea ser parte de la familia? ¿Sabe ese animalito que no es “para siempre”, que hay un fin utilitario? (mi mamá tiene algunos roedores).
Sé que es un gato “callejero”. Hasta se me pareció una rata en medio de los buhoneros de la calle ¿Quiere dejar de ser él? ¿Quiere ser USADO? ¿Quiere ser un gato hogareño? (hay bastantes posibilidades de SER ADOPTADO:  Por ella).

Nosotros, en cuanto a Dios, tenemos la invitación a entrar al seño de la familia (no tan cerca, al principio). Tenemos acceso a partes de la casa (no siempre a rincones especiales) (lo contrario es mentira.: Suena a eso que se dice: “¡Bienvenido! Siéntete como en tu casa”. Uno se quita la camisa o se le escapa un pedo, y ¡ya sabe por dónde es el camino de la puerta de salida! (no me pongan a mí en esas pendejadas).

Mi punto, para acortar mi parecer de “hijastro” (el legítimo es Cristo y los que a Él le agradan) es que en las casas ajenas tenemos que acatar reglas, preceptos, normas y normitas (incluso arbitrariedades de hermanos mayores y menores). Uno se pone el calzado de aquel, de aquella. A uno se le sale una “plumita” (o broma pesada), tenga por seguro que estará afuera de la comunidad de afectos. Quizá el PADRE de la casa no te rechace, pero los hijos putativos y adoptivos TE SEGREGARÁN o hasta te darán la espalda: Muy pocos vendrán –humildes- a recordarte “cómo son aquí las cosas”. ¿Qué hizo mi mamá al atrapar al gato? ¡Lo bañó! Lo mismo hace Dios, muchas veces. Y no cesará de hacerlo hasta que NOSOTROS APRENDAMOS y lo hagamos por iniciativa propia.

En una comunidad, ni con amigos ni con la mejor esposa, nadie es tolerado con porquerías, cochinadas ni molestias (llámelas pecados). Toda familia tiene alguna forma de norma y, mayormente, para procurar la convivencia y SOBREVIVIENCIA de competencias.

Como individuos, dentro de esas competencias (atribuciones familiares), cada persona tiene y debe tener una función dentro de esa comunidad familiar y bien creo a Mat_28:19  (Por tanto, id, y enseñad a todas las naciones (etnias paganas) bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo).
Si ese gato no espanta o atrapa a un ratón, en 5 meses, ¿Lo conservará mi mamá más de ese tiempo? Si no cumple su “rol” o función social dentro de la economía familiar ¿Lo mantendrá mi mamá y limpiará feliz ese popó cada día? ¡No lo creo!

Aquellos que son hijos de Dios, sea como sea, procuran evitar faltas. Quizá no tanto PARA EVITAR SER APARTADOS (de forma eterna), sino por amor al Padre. Un gato “rata”, muy probable, vuelve al basurero: Un hijo de su casa no volverá.

Jesús, en la sabiduría de la palabra vivas de Dios, dijo en Juan 8:44: “Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. El, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Hijo de gato caza ratón.


No me gusta debatir, pero el Padre mismo hace que cada árbol produzca su fruto. Si soy maíz, en mi tiempo, daré lo que daré. Si soy zapatero o carpintero, algún día, haré algo. ¿Qué puedo hacer si soy un gato o una asquerosa rata?

Espero que este gatico se amolde a la altura del reto. Deseo que, por conveniencia –quizá- ese gato asuma el reto (el riesgo) de ser como un viejo refrán ya lo ha dicho. ¿Soy rata o ratón? Bien lo sé, pero la obra de Dios es bien específica y tenaz en quienes ama y ha escogido ¿Muestro los Frutos del Espíritu (Gál 5:22)? ¿Ladro o soy un ladrón?

Sea como sea –aunque lo desee- no puedo cambiarme. He intentado fingir, y fallé. He intentado cambiar ¡fracasé! ¿Me rindo ante mi debilidad me abandonaré a la victoria temporal del error? ¡No lo haré!
Hay quienes quieren ser, y fingen mejor que yo (felicidades, a ellas y a ellos). Hay quienes desean, lo intentan y ¡vencerán!...

Lo que más me consuela, lo que admiro, es que este ser no es como mi madre y, dee arrojarme (tiene todo el derecho) lo hará con el pleno derecho y razón de Su amor, no por la arbitrariedad de Su conveniencia: Dios no es parcial con nadie.

¿No sacrificó a Su propio hijo, haciéndolo tan hombre y corporal como todos, aquí?

martes, diciembre 27, 2011

Interpretándonos.



Usaré, por analogía, algo que –quizá- no sirva de ejemplo, pero es lo que se me ocurre apenas me levanto (a las 7:20 am), luego de meditar en varias cosas, de soñar con gratos momentos y otra serie de cosas.
La analogía es que a todos nos gusta la música. A unos el joropo, a otros la salsa, a unos el merengue o la bachata; pero no son mis gustos. A otros les gustan las canciones de despecho, las lloronas o vallenatas, pero ninguna suena conmigo y NO DIGO QUE ESO SEA MALO (pero no está en mi gusto o necesidad) ¡Qué se yo!

No obstante nuestras muchas diferencias (innegables, por cierto), tenemos necesidades comunes: Comemos, hablamos, tomamos agua y respiramos el miso aire (aunque no puedo decir “caminamos”, cuando pienso en otra realidad caraqueña, que no es otra cosa que la infestación de las aceras por vendedores ambulantes, motos y demás abusadores). Aún así, esa gente vive y siente como yo. Sus necesidades son muy parecidas a las mías -¿las nuestras?- aunque no bailemos o gustemos de la misma música.

Pongamos el caso real de que, ciertamente, a todos nos gustase la misma música, el mismo sabor de helados, el mismo olor de un perfume, opinaríamos distinto sobre los nombres y las marcas (pero la música siempre nos gustaría).

Okey! Me gusta el rock, la música, clásica, alguna que otra balada… ¿La bailo mejor o peor que alguno? ¿Puedo componer o disfrutarla con la misma intensidad –o mejor- que alguna o alguno? ¡No puedo! Somos diferentes.

Alguien me comparó a un colérico-melancólico (no diré de qué me río).

Sin embargo, pese a que –en mi opinión no es cierto- puede ser que yo esté tocando muy mal mi música o ella no entienda el compás de mi música (he aquí la razón de la analogía y mi presente discurso).

Admito no ser bueno con la música. Puedo reconocer el compás de la que oigo. Sé si va a 4 tiempos y de vaina me recuerdo cuánto vale una redonda en relación a una corchea. Si escucho algún tema de rock, si me gusta EL RITMO, puedo descubrir el inquieto pie haciendo taps sobre mi suelo y, si descubro un tema profano, oscuro, grosero o molesto, a esta altura de 5 décadas ¡me cierro! (procuro no pararle balls) (pero en perfecto español venezolano y sin la música que le gusta a una mayoría minoritaria).

Aludo al tema de colérico-melancólico, en 1er lugar, porque estoy agradecido: Me están parando balls (En este sentido, me están leyendo).

En 2do lugar, yo querría aclarar muchas cosas, tanto de mí como a mi entorno; pero –algunas veces- la gente decide quedarse con sus ideas, sus prejuicios, y prefiere conocer las cosas en LA DISTANCIA (que no es distancia) y una buena oportunidad de crecer se pierde: Aprovecho este minuto para darle mi agradecimiento a La Incipiente. Ella si tuvo balls para pasar y aspirar el olor verdadero de mi vida; aunque le hice saber (clara y anticipadamente) que no teníamos mucho en común y, aún así, pasamos un tiempo de buenos momentos juntos (y no volverán).

En 3er lugar, (a ver si me poncho o me ponchan), lo que uno escribe o habla es el retrato de un momento; pero si uno frecuentemente hace y habla -todos los días- la misma cosa, uno es (o aparenta ser) lo que nuestras acciones delatan y nuestras palabras confirman.

Bien se ha dicho: “Predicar con el ejemplo”. Eso es cierto, verdadero. La coherencia no está en la ilación de palabras bonitas o pensamientos rebuscados o versados, está en la coordinación de lo dicho, con lo hecho. Puedo ser colérico, si quiero o me dejo. He sido emocionalmente colérico, más de una vez, más de lo que hubiese querido. De hecho, ayer discutí con uno de mis hermanos, haciéndole entender algo que él no quiere hacer ni asumir, pero eso no me hace colérico y menos melancólico. (¡Buá! Qué mal y triste me siento!) ¡Ja! ¡Ja!

La verdad, para enseriarme un poco, agradezco a cualquiera que me haya leído o "entendido" (han sido muy pocas esas personas). Si he de hacerles un homenaje –a esas personas que me han tenido paciencia- citaría a mi tía Ma. Maraima, algunos de mis hermanos (sólo a ratos), a Juan Carlos Lizardo, Luis Alberto Gómez, Héctor Nieves (uno de los que pesadamente me sobrellevó en mi temprana adolescencia), el pastor Tom Powell, el Rev Eduardo Muñóz, etc., y a esas otras y otros que ya el tiempo olvida.

¿Sabes quién sí entiende a cada quién? ¡Sólo y todo a Dios!

No voy a referir detalles, son cosas que guardan su relación con el tiempo, con las circunstancias y, en algunos casos, un espacio en mis manuscritos ¿Servirán de algo? Sabe Dios (yo no).

Sólo sé que cada persona oye y busca la música que le gusta, la música que quiere; y hay otras personas, por las razones que tengan y tienen, que han decidido cerrarse, esconderse, aislarse y NO OIR NADA. ¡Yo no soy así!

Trato de no oír la basura, pero está allí, afuera (quizá adentro, y no siempre la percibo) (no siempre estoy consciente para depurarme, para arrojarla, sin contaminar a nadie). ¡Lo siento! Y no tengo excusas (he ensuciado a otras y otros).

La basura está aquí, o allá; pero no sé ser otro, no sé engañarme engañando a los demás (allá quien decida “conocer” y palpar, sin llegar a la luna) ¿No hay otros medios de alcanzar nuestros sueños? ¡Sí! Vaya que los hay y, aún llegando a la luna, esos hombres y mujeres usan guantes, se protegen y rodean de una atmósfera (artificial) que no les permite conocer la realidad, la completa verdad, de lo contrario morirían. ¿Respiran los peces fuera de su agua? ¿Respiro yo inmerso en el fango?

Mi verdad es una, como la tuya, como la mía.

Uno puede asomarse a la transparencia de un lago y saber si el fondo le gusta, si el cieno del lecho le atrae y –luego- con algunos remilgos, se toca el agua, se sondea ese fondo claro (a veces oscuro) y, en el mejor de los casos, UNO SE LANZA AL AGUA (quiera Dios nunca tu cisterna esté totalmente vacía o absolutamente llena) (los extremos no son buenos).

Hoy, más que nunca sé, no tendré más hijos. No tanto por mi decisión quirúrgica (la vasectomía), sino que económicamente nunca tuve lo que quise, y ya no es momento para ocuparme de eso.

Luego, la experiencia del amor, me ha parecido más un espejismo que una realidad: Mis recientes lecciones me han enseñado que (1) No siempre se busca lo mismo y, (2) Lo que tengo (en todo sentido) puede que me sacie o satisfaga (a mí, en lo personal) pero una mujer siempre pide lo que el hombre no quiere o no puede.

Quisiera poder tener el tiempo para explicarme (para explicarlo) pero –justo en este momento- mi mamá está encima de mí con sus temas (por cierto, de la misma naturaleza) y, como estoy en caracas de paso (hace más de una década estoy emancipado) (gracias a Dios) me dispongo a irme y no volveré (no por colérico ni melancólico) ¡Son convicciones!

Alguien, muy querida, hace poco me dijo: “Quien es buen hijo, es buen padre, buen esposo, buen… (todo)” (Créditos a la Psico Turula).

Yo no soy bueno en nada. No es subestimación, no es cinismo, y ya dejé la medida ajena para regirme por mi patrón, mi standard y no me preocupo por varias cosas.

En relación al matrimonio, volver a casarme, soy realista: Mi casa está lejos de la civilización. Estoy lejos de ser civilizado, y cada día estoy más claro en el sendero de mi peregrinaje. ¡Haz pronto tu parte, Dios!  (he aquí mi trozo de melancolía, en LA MENOR).

En relación a la familia, a lo nuclear de ella, ¡la tuve! Pero no crecí conociendo los verdaderos valores. En parte por el sincretismo de creencias, por la mezcla de lo católico y la doble moral y el doble diálogo (es problema de otros), pero no conocí ni recuerdo el pecho amamantador de mi madre ¡Soy mal hijo! ¡Soy mal padre! (y no tuve el patrón verdadero como ayo a esta referencia) Mi abuela fue mi madre y mi padre “siempre” estuvo lejos; pero nos acercamos en la adolescencia (sólo por 13 años).

Mis tíos paternos suplieron mis deficiencias, muchas veces económicas como afectivas (mi segunda mamá fue mi tía María y, si lee esto, me hala las orejas) ¡Ja! ¡Ja! (todavía me regaña) (pero estoy ya lejos).

Para cerrar el ciclo de mi colérica nostalgia (¿melancólica?) referiré mi enemistad con la ciudad: Nací en Ccs, un 29 de junio de 1961. Podría referir algunos escritos de Andrés Bello, aludiendo a que “salgan de las ciudades” (silva A la agricultura de la zona tórrida). Pero soy más práctico que él –menos en muchas cosas- pero pragmático: Vivo en una montaña con carretera de tierra, sin baño… (el vivió en muchas ciudades). Soy citadino y vivo como si nada fuera. Hago un par de versos y no me creo poeta (ni intento llegar a serlo) ¡Gran Vaina!

Interpretar mi música toma toda una vida y “nadie quiere estar toda una vida tras nadie” (ya lo sé). Hay gente que te quiere comer, que te quiere oír; pero algo en su lógica -tarde o temprano- brota ingratamente ¡salta como chispas o rayos! Y te dice: “No te quiero”, “No eres la persona que yo buscaba o creía QUE eras”, “Hueles mal”,  “tus hijos o tu mamá me estorba”, “te estás poniendo muy gorda o vieja”, “me enamoré de otra más joven o inmen$amente rica”… ¿Cómo no va a ser “bella”? ¡Qué sé yo! (ya saben de lo que hablo).

Hasta hace poco conservaba algunos mensajes… (los borré de mi telf.)
En la música del amor el sexo tiene sus notas, pero no puede ser el todo de la melodía (ese pentagrama se apoya en dinero, en recur$o$, y ya he visto la importancia de éste en las relacione$, no sólo de forma personal, son que ya estoy harto de oír a las citadinas (y no citadinas) de cómo les importa el dinero que yo no tengo.

Uno, el hombre, puede y suele hablar de lo bonito que puede y “debe” ser el cuerpo. Uno se fija en el pecho, piernas, nalgas (glúteos), pero no es eso el todo (para el amor). Uno (yo) observo el carácter, las actitudes, los gestos, lo que dice (cómo escribe), pero uno no sólo ama a las letras, los pensamientos, la emotividad, sino LA ACEPTACIÓN, LA TOLERANCIA  (eso es cosa de inteligencia).

Ayer, por cierto, alguien me comentaba (en persona): “Me estoy quedando solo”. ¿Cómo no? Estaba oyéndolo hablar, en su teléfono. Llamó -cuando menos- a media docena y, a todas, les decía lo mismo. ¿Quién es la “especial”? ¿A cuál ama, y no la ve cómo a un objeto sexual o de su conveniencia?

Me quedé callado. Pensé para mí, me revisé… Tuve a “La Incipiente” en el peldaño que pude, que quise (hasta que ella no quiso) (y está bien: Me alegro de ello) (Demasiadas diferencias: Económicas, religiosas). “Tuve” a una vieja gorda y fea de Valencia (la amé) (luché x alejarla de mí) (no había espacio para otra: Una a la vez) y me alegra –también- que nunca la conocí, que nunca nos vimos y, si fuera escritor (que no lo soy) tendría un buen libreto para escribir sobre un par de cosas… ¡Ja! ¡Ja! Escribo en mi memoria ¿Cómo es que se llamaba?...

El amor es algo más que un compromiso. Es una mancomunidad de ideas, creencias y gustos que, probablemente, no se construyen en un solo día, y ese afecto requiere de milagros, de empeño, de inversiones (en afectivo y efectivo) ¡Claro que con Ca$h!  (“Amor con hambre no dura”).



Mi música es compleja.

No soy músico nato ni completo.

No sé tocar los instrumentos de mis notas; pero hago algún ruido, un sonidito y, si lo oyen los perros o las perras (en ambos sentidos) me considero satisfecho. Si me vuelvo un encantador de “culebras” (con sus problemas) ha sido mi error y procuro dar la idea exacta de quién soy y no lo logro ¡Fallé! ¡Fracasé! (no me sorprende no me duele: No soy el último ni el primero) (tampoco soy el mejor ni el peor) ¡Hay mejores opciones! (soy la última opción).

El 24/12/2011 tuve un encuentro amistoso con una poeta (me regaló uno de sus libros). Aprendí varias cosas y hube de contarle algo de ese día (trataré de abreviarlo). Una chica visitó a mi mamá. Ella me interrumpía en lo que hacía (reparaba una PC) y, en ese insistir, salí a la calle, saludé y eché bromas un rato. Yo estaba descubierto, sin franela, en shorts, y fui abrazado (con bastante timidez, de parte de ella).
Luego de ese encuentro, una hora más tarde, mi mamá me recriminaba: “Tú si eres pendejo”, “Esa mujer está loca por ti y tú no la quieres”…

¡Es verdad! No la quiero, no me gusta. La acepto como amiga ¿Tengo que “aceptarla” en la cama? ¿Tengo que complacer las ideas, los prejuicios ajenos, o los míos?

¡Mi mamá no me entiende! (ni me respeta) (es mi mamá) (¡Ah! Y se supone yo sí le debo respeto) ¡Al carajo con eso! Una cosa es el rol de madre-hijo, otra el de los amigos. Y sé cuáles son mis límites (soy demasiado tolerante, a veces).

Yo no me acuesto "por instinto" o por necesidad, me acuesto por genuino deseo (y esto no significa que, algunos años atrás, lo hice x presión social, por caminar a tientas y a ciegas). ¡Cada quien a lo suyo! (mi amor es sagrado) (ese es mi santuario) ¡Hasta Dios me lo ha respetado! ¿Quién puede objetarlo?

En mi música baila a quienes yo invito o a quienes acepto su invitación (y he bailado bien mi música) (la de otras no la conozco, del todo, y –antes de aceptar cualquier invitación- me aseguro que sepan mis gustos, lo que oigo, lo que digo, lo que siento y ¡qué tú sientes! (no me gusta bailar solo) (me gusta bailar con quien oye mi música y de quién oigo sus sonidos).

Este 24 amanecí claro, honesto… No niego que me emocioné, pero mi canto de culebras no es para encantar a nadie que no sea como yo quiero ni a quien no quiera. Mi música es para arrullar a quien ame y no para manipular a quien no ame o desee (ya son 50 años) (estériles, a veces).

A mi edad, no es ridículo querer bailar con una mujer de 30 o de 20; pero ¿hasta dónde llegarán mis pasos?
Más aún, mis convicciones me llevaron (me llevan) a un lugar que pensé sólo, para mí: Dudo haya otra como yo y, aunque sé que las hay, todavía no la he encontrado (huelo su esencia) (estoy impregnado de ella) ¿Lo está -ella- de mí?

El tiempo lo dirá, mientras siga interpretándome…

P.S.
Mi padre diría, en sus propias palabras: “¿Me interpretas?”

sábado, diciembre 24, 2011

NO SUPE DE TÍ.




“Es que esta vida sin querer 
es como un poema sin prosa, 
Pues un cuerpo que no goza
Más le vale perecer...”          (Trozo de mi Moraleja Senil. Mayo 18, 2011)



No conozco el camino de los poetas,
Ni sé seguir el curso de tu estela en mis difusas ilusiones.
No tengo idea de cómo nacen los versos, lo que ven
ni cómo sienten: Tengo ganas de llorar.

Han pasado tan cosas, esas que tú y todos sabemos,
Cosas que Dios –como nadie- sabe, entiende y nos alivia,
pero ¿por qué no viniste? ¿Por qué no volviste?

No supe de ti y, aunque sé que vives (y vivo yo por ello)
no hallo el curso del viento, como para alcanzarte en el vuelo de las aves.

¿Cómo estás? ¿Cómo sigue tu salud?

Y, con poca lentitud, te visito como un vago en pensamientos,
Con deseos que te siento, y ¡tú no estás allí!

Te busco como a esa nota de un pentagrama -esas que aún no escribo-
Pero la música no sale –se esconde- sólo porque no te veo.

¡No supe ayer de ti!

Y ahora busco escribirte… Veo esas casas y sus techos, y sólo te pienso, pese al asedio de ideas ajenas, interrupciones inoportunas, que procuran separarme de esta ilusión que acaricio -como tú- al pelo de tu perro.

Soy ajeno a este lugar, a este día...
La gente o las llamadas vienen o van, y sólo quiero saberte, me conformo en comprenderte, y hoy no sé qué he de escribir…

Mis planes eran marcharme. Mi deseo es alejarme. ¡Quiero saber de ti!

NO sé qué escribir ni cómo decirlo, hay una mezcla de cosas... Me visitan hasta fantasmas. ¡No sé cómo decírtelo!

¡Ayer te pude ver! Y el deseo es del querer ¿Cómo fue que no te vi?

¡Qué me importa la religión?
Sólo pienso mi condición: Estoy lejos de ti.

No sé adónde van los fantasmas, pero vienen al asecho:
Mi mamá, las tareas que no quiero, la premura de volverme a casa
¡Y no te veo! ¿Por qué no te pude ver?

¿Por qué no te leí?
Sólo sé: “Tendieron la emboscada”.
Que mi amor no sirve a nada
No supe ayer de ti.


Para ti, negrita.